ABORTO: la trivialización de la vida
Dice John Mac Arthur: "Una verdadera visión cristiana del mundo comienza con la convicción de que Dios mismo ha hablado en la Escritura". Siendo esto así, el pensamiento bíblico debería enmarcar nuestra perspectiva total de la vida, y nuestro quehacer diario., El cristiano no es alguien que cuelga textos a sus ideas filosóficas, políticas o humanistas, sino que por el contrario dicha revelación sobrenatural llega a ser el punto de partida definitivo y fundamental que pone en su lugar o descarta todo lo demás.En estos días la sociedad vive un cierto dilema frente al asunto del aborto. Los criterios pueden ser muy variados a favor o en contra, no debe sorprendernos, como tampoco podemos exigir demasiado de un Estado secular, sobre temas morales, que por lo general va acompasando la declinación humana, y prevalecen intereses políticos y otros, como los movimientos feministas.
Lo que sí debe preocuparnos es la trivialización de la perspectiva de quienes profesan ser cristianos, quedando inmersos en meras opiniones, en razonamientos sobre una "libertad humana" sin gravámenes, Sin darnos cuenta comenzamos a racionalizar una práctica aberrante a los ojos de Dios, buscando su lado más "correcto" cuando no hay margen de encontrar lo correcto en algo moralmente torcido de principio a fin.
Decía Charles Colson que "la verdadera guerra es una lucha cósmica entre visiones del mundo - entre la visión cristiana y las diversas visiones seculares y espirituales alineadas contra nosotros". Esa es la verdadera lucha detrás del debate sobre el aborto, la homosexualidad, y otros problemas. Y especialmente el aborto siempre ha tenido que ver con más que el solo hecho de abortar.
1. No podemos hablar de aborto sin hablar de Dios. Cuando excluimos a Dios, trivializamos el aborto al nivel de conveniencias humanas. La Biblia me habla de un Dios Creador, Dador y Sustentador de la vida, Juez de vivos y muertos. Así que no es un asunto trivial, ni la maternidad, ni la paternidad, ni las relaciones sexuales, ni los niños no-natos o nacidos. Esencialmente porque el hombre y la mujer fueron hechos a imagen de Dios (Gn.1:27). De ahí la advertencia de Gn.9:6 "El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo El al hombre”, reiterándose también en varias ocasiones el mandato de no derramar sangre inocente. La cláusula final que honra la vida, "porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre." Salmo 139:13
El aborto es un asalto a la imagen de Dios, no es sólo un acto violento hacia el niño no nacido, o hacia la mujer. Cuando perdemos esta perspectiva terminamos hablando meramente de clínicas clandestinas, u hospitales autorizados para realizar abortos.
2. El aborto refleja el individualismo egoísta, el deseo de autonomía y la mente humana como juez de la verdad, que considera un embarazo no planificado, o un bebé defectuoso, como una amenaza a los deseos personales. Esto se enmarca en una forma de vida de espaldas a Dios. Abortar sería el camino más corto para librarnos de una persona problemática, que amenaza una carrera, la vida financiera, o una relación sentimental, quizá la reputación personal, y toda la diversidad de dificultades que supondría su crianza. Decía J. Piper que el aborto " es realizado para ganar algo “mejor” que el bebé –de esto trata todo el debate ¿Es mayor la ganancia que lo que perdemos? Necesitamos asegurarnos de verlo en esos términos: la vida de un niño es sacrificada por algo. El “algo” define la barbarie de nuestra cultura". Dicha barbarie llega a considerar al feto como un invasor del cuerpo de la mujer que expropia su libertad. Estos extremos son propios del corazón que busca sus satisfacciones aparte de Dios.
Detener violentamente el desarrollo de un feto, para hacer lo que deseamos, es de fondo la misma idea en crímenes terribles, como el realizado por Susan Smith (EEUU, año 1994), que ahogó a sus hijos en un lago porque éstos interferían con su libertad para estar con su nuevo amante. O lo que sucedió recientemente en nuestra sociedad, donde un hombre asesinó a una mujer y su hijo, para que esa relación furtiva no afectara su matrimonio.
3. Alinearse a políticas de Estado (cualquiera sea el partido dominante) que ven el aborto como el eslabón más rápido y fino para "cortar con el problema", es una amistad con el mundo, que nos convierte en enemigos de Dios. Stgo.4:4 Las consideraciones sobre regulaciones o controles, contención y apoyo, seguridad de la mujer, las especulaciones de "salvar vidas", siguen siendo las maniobras dentro de una cultura que no tiene cabida para Dios, de ahí los carteles que expresan "La iglesia no interviene". Los cristianos no pueden estar de acuerdo en que la elección individual es lo único que producirá "felicidad". Tampoco minimizar el acto criminal de abortar considerando a la mujer como única víctima a salvaguardar.
Las soluciones prácticas no son sencillas, especialmente si de fondo Dios no cuenta en la vida y la conducta. Pero el panorama se oscurece más si perdemos la perspectiva del valor de la vida como Dios la muestra. Si el cristiano pierde su visión bíblica, deja de brillar, y entra a formar parte de alguna corriente de pensamiento social.
Los cristianos somos llamados a exhibir la supremacía de Dios en todas las cosas. Y Cristo es el único que puede traer completa satisfacción al corazón humano (Jn.10:10), esperanza y confianza para enfrentar la vida (aún el embarazo no planificado), y perdón genuino a quienes hayan abortado (no una falsa liberación psicológica de la culpa). Cristo es la vida (Jn.14:6) y nos dará una visión digna de la vida en medio de una cultura de muerte.
Ernesto Rey
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